El 3 de julio de 2025, las operaciones de Ingram Micro, uno de los mayores distribuidores de tecnología del mundo, se paralizaron abruptamente. Portales caídos, pedidos detenidos, servicios interrumpidos. Detrás del apagón digital estaba SafePay, una operación de ransomware que, en menos de un año, pasó del anonimato a convertirse en una de las amenazas más temidas del ecosistema corporativo global.
Este ataque no solo impactó a una compañía. Expuso fallas estructurales en los sistemas de seguridad de las empresas más grandes del mundo y mostró con crudeza lo rápido que un grupo criminal puede poner en jaque a toda una cadena de suministro.
Qué es SafePay y por qué preocupa tanto
SafePay apareció a fines de 2024. Desde entonces, se ha ganado un lugar central en los informes de ciberseguridad por su agresividad, sofisticación y por la velocidad con la que actúa. Se trata de un ransomware que cifra archivos clave dentro de una red empresarial, haciendo que los sistemas queden completamente inutilizables. Pero su amenaza no termina ahí: también extrae información confidencial y presiona a sus víctimas con la amenaza de hacer públicos esos datos si no se paga un rescate.

A diferencia de otras bandas que operan bajo un modelo de afiliación, SafePay mantiene el control directo sobre sus ataques. Esto les permite mayor precisión y eficiencia. En muchos casos, el tiempo entre la intrusión inicial y el despliegue del ransomware no supera las 24 horas. Utilizan técnicas de acceso remoto, como el robo o la compra de credenciales válidas, vulnerabilidades en servicios VPN y, en ocasiones, herramientas como ScreenConnect para mantener el acceso a los sistemas comprometidos.
En pocos meses, SafePay fue vinculado con más de 220 ataques a empresas de sectores como salud, educación, finanzas y tecnología. Su modo de operar lleva la marca de otros grupos conocidos como LockBit o AlphV, lo que alimenta la sospecha de que podría tratarse de un rebranding de actores anteriores.
Un ataque que expuso debilidades críticas
El ataque a Ingram Micro fue una muestra clara de cómo actúa SafePay. Según fuentes especializadas, el grupo logró ingresar a través de la plataforma GlobalProtect VPN, posiblemente aprovechando configuraciones incorrectas o contraseñas débiles. Una vez dentro, desplegó el ransomware y dejó una nota de rescate en los sistemas internos, asegurando haber robado información crítica y cifrado servidores clave.

Las consecuencias fueron inmediatas. Ingram Micro tuvo que desconectar sistemas esenciales, incluyendo su sitio principal, la plataforma de pedidos y la solución Xvantage. También se interrumpieron servicios de provisión de licencias como Impulse, lo que afectó la entrega de productos y la gestión de servicios por parte de clientes y socios. Durante varios días, gran parte del ecosistema que depende de Ingram Micro estuvo paralizado o trabajando con funciones limitadas.
Aunque la empresa evitó brindar detalles precisos sobre la magnitud de la filtración, se supo que los atacantes afirmaron haber accedido a documentos legales, información financiera, datos de clientes, archivos de personal y detalles de cuentas bancarias.
Una señal clara del daño fue la recomendación de la propia compañía a sus empleados para que trabajaran desde casa y no accedieran a la VPN corporativa. Además, Ingram Micro contrató expertos en ciberseguridad, notificó a las autoridades y activó un plan de recuperación de emergencia.

El impacto más allá de una sola empresa
La caída de Ingram Micro no fue un problema aislado. Como proveedor mayorista, su rol en la cadena de suministro tecnológica es clave. La interrupción de sus plataformas generó demoras, confusión y pérdidas económicas en múltiples actores del sector. Desde revendedores hasta fabricantes, muchos vieron detenidas sus operaciones o se vieron obligados a buscar alternativas temporales para continuar sus negocios.
Incluso grandes corporaciones que utilizan servicios como Microsoft 365, SharePoint y Teams —que continuaron operativos— sufrieron complicaciones al no poder gestionar nuevos pedidos ni acceder a herramientas clave integradas con los sistemas de Ingram Micro.
Este tipo de efectos colaterales es lo que convierte a los ataques de ransomware en amenazas de escala global, con la capacidad de afectar a miles de empresas más allá de la víctima directa.

Cómo protegerse ante amenazas como SafePay
La creciente sofisticación de grupos como SafePay obliga a las empresas a revisar sus políticas de seguridad con urgencia. Los accesos remotos, especialmente a través de VPN mal configuradas o protegidas con contraseñas débiles, siguen siendo uno de los principales puntos vulnerables. Estas son algunas medidas clave que recomiendan los expertos:
- Implementar autenticación multifactor (MFA): añadir una capa adicional de seguridad en todos los accesos remotos, especialmente en conexiones VPN y escritorios remotos (RDP).
- Asegurar la infraestructura: mantener el software actualizado, cerrar puertos innecesarios, revisar las configuraciones de firewall y desactivar servicios expuestos a internet sin protección.
- Respaldos offline e inmutables: realizar copias de seguridad de forma periódica, almacenarlas fuera de línea y validar su integridad regularmente. Es clave que estas copias no puedan ser modificadas por los atacantes.
- Capacitación continua del personal: concientizar a los empleados sobre riesgos comunes como correos maliciosos, enlaces sospechosos o intentos de phishing. Muchas brechas comienzan por errores humanos.
- Monitoreo activo: vigilar accesos inusuales, detectar movimientos laterales dentro de la red y rotar credenciales con frecuencia.
- Plan de respuesta a incidentes: contar con un protocolo bien definido y probado que permita actuar con rapidez ante una amenaza, minimizando el daño y acelerando la recuperación.
Estas acciones no eliminan por completo el riesgo, pero sí reducen significativamente la superficie de ataque y aumentan las chances de resistir o contener una intrusión antes de que cause un daño mayor.
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