Centros de datos e inteligencia artificial impulsan la reconversión de fabricantes de baterías para autos eléctricos en EE.UU.

La desaceleración del mercado de vehículos eléctricos y el auge de la inteligencia artificial están reconfigurando la industria energética: diez fábricas en Estados Unidos ya redirigen su producción hacia sistemas de almacenamiento para centros de datos, en un giro estratégico que podría redefinir el mapa industrial de la próxima década.
Diez fábricas en EE.UU. ya redirigen su producción desde baterías para autos eléctricos hacia sistemas de almacenamiento energético para infraestructura digital.
Diez fábricas en EE.UU. ya redirigen su producción desde baterías para autos eléctricos hacia sistemas de almacenamiento energético para infraestructura digital.
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La inteligencia artificial no solo está transformando el software: está reconfigurando industrias enteras. En Estados Unidos, la desaceleración del mercado de vehículos eléctricos está empujando a los fabricantes de baterías a cambiar de rumbo. El nuevo destino: los centros de datos de IA, que demandan enormes volúmenes de almacenamiento energético para sostener su crecimiento.

Según datos publicados por el Financial Times, diez fábricas norteamericanas que producían baterías para coches eléctricos ya están destinando parte de su capacidad a sistemas de almacenamiento energético (ESS, por sus siglas en inglés) para centros de datos. Es un movimiento que confirma una tendencia más amplia: cada vez más sectores pivotan alrededor de la inteligencia artificial.

El cambio de rumbo: de autos eléctricos a centros de datos

El giro no es menor. De acuerdo con la consultora CRU, estas diez plantas han cancelado suficiente capacidad como para producir baterías destinadas a unos 2 millones de vehículos eléctricos. Siete de ellas se enfocarán principalmente en el mercado de almacenamiento energético para infraestructura crítica, incluyendo centros de datos.

Entre las compañías implicadas aparecen pesos pesados de la industria automotriz:

  • Ford está modificando una fábrica en Kentucky.
  • Stellantis, junto a su socio Samsung SDI, está reconvirtiendo líneas de producción en su planta de Indiana.
  • General Motors también evalúa producir baterías de almacenamiento energético propias, según declaraciones de su responsable de baterías.

El mensaje es claro: la infraestructura para inteligencia artificial se está convirtiendo en una nueva tabla de salvación para fabricantes que enfrentan una demanda más débil en el segmento de vehículos eléctricos.

Por qué los centros de datos necesitan tantas baterías

Los centros de datos que entrenan y ejecutan modelos de inteligencia artificial requieren suministro eléctrico ininterrumpido. Un apagón o una fluctuación de voltaje puede implicar pérdidas millonarias y comprometer operaciones críticas.

Con el boom de construcción de centros de datos en Estados Unidos —impulsado por la carrera global en IA generativa— las baterías de almacenamiento se han convertido en un componente estructural de la infraestructura digital. No se trata solo de respaldo ante cortes: también ayudan a gestionar picos de demanda, estabilizar la red y optimizar costos energéticos.

Este escenario abre una vía de ingresos alternativa para empresas automotrices que enfrentan márgenes más ajustados en el negocio de vehículos eléctricos.

Tesla acelera su negocio de almacenamiento energético con sistemas como Megapack, impulsados por la creciente demanda de centros de datos de inteligencia artificial.
Tesla acelera su negocio de almacenamiento energético con sistemas como Megapack, impulsados por la creciente demanda de centros de datos de inteligencia artificial.

El ejemplo de Tesla: energía más rentable que autos

Si hay una empresa que anticipó esta dualidad es Tesla. Además de fabricar vehículos eléctricos, la compañía produce sistemas de almacenamiento energético como Tesla Megapack y Tesla Powerwall.

Los números hablan por sí solos: en su último trimestre, Tesla reportó ingresos por energía y almacenamiento de 12.800 millones de dólares, un crecimiento interanual del 27%. En 2021, esa cifra apenas alcanzaba los 2.800 millones. Mientras tanto, sus ingresos por ventas de vehículos eléctricos cayeron un 9%, hasta los 64.000 millones de dólares.

La conclusión es evidente: el almacenamiento energético para infraestructura —incluyendo centros de datos de IA— puede ser incluso más rentable que la venta de autos.

Un contexto político adverso para el vehículo eléctrico

El entorno regulatorio también influye en este giro estratégico. Desde que la administración Trump eliminó incentivos fiscales para compradores de vehículos eléctricos establecidos durante la era Biden y relajó normas de emisiones, el mercado estadounidense comenzó a desacelerarse.

La consultora BloombergNEF revisó sus previsiones: de estimar que los vehículos eléctricos representarían el 48% de las ventas totales en 2030, ahora proyecta apenas un 27%. Actualmente, los eléctricos suponen alrededor del 8% de las ventas de autos nuevos en Estados Unidos.

Sin embargo, no todas las ayudas desaparecieron. Se mantienen incentivos clave para fabricantes de baterías: un crédito de producción de 35 dólares por kilovatio-hora y un crédito fiscal del 30% para inversiones en almacenamiento energético. Además, los aranceles a baterías chinas de almacenamiento rondan el 60%, lo que favorece la producción local y acerca los costos a la paridad con las importaciones asiáticas.

Matices y riesgos de la reconversión

No se trata, por ahora, de una migración total. Según datos de la consultora Wood Mackenzie, los vehículos eléctricos seguirán absorbiendo una mayor proporción de instalaciones de baterías que el almacenamiento energético al menos hasta finales de la década.

Existe un riesgo evidente: si la demanda de autos eléctricos repunta con fuerza, las empresas que hayan redirigido demasiada capacidad hacia sistemas de almacenamiento podrían quedarse rezagadas.

Además, analistas de CRU advierten que los fabricantes podrían no trasladar los ahorros de costos a sus clientes, aumentando sus márgenes. Y otro desafío técnico: las empresas coreanas que lideran la producción en Estados Unidos tienen menos experiencia en tecnología de fosfato de hierro y litio (LFP), ampliamente utilizada en sistemas de almacenamiento, frente a competidores chinos.

No solo baterías: los mineros de criptomonedas también migran a la IA

La reconversión industrial no termina en las fábricas de baterías. Según un análisis de Morgan Stanley, muchas instalaciones dedicadas a la minería de criptomonedas están encontrando un negocio más rentable en transformarse en infraestructura para centros de datos de IA.

La economía de la minería de bitcoin se ha deteriorado tras la reducción de recompensas y el aumento de costos energéticos. En contraste, alquilar capacidad eléctrica y espacio físico para cargas de inteligencia artificial resulta mucho más atractivo.

De hecho, Morgan Stanley estima que convertir todas las instalaciones de minería de bitcoin en Estados Unidos podría reducir el déficit de capacidad eléctrica para centros de datos entre 10 y 15 gigavatios.

¿Un futuro dominado por centros de datos?

La tendencia es clara: la inteligencia artificial está redefiniendo la asignación de capital industrial. Fabricantes de baterías, automotrices y hasta mineros de criptomonedas están reconfigurando sus modelos de negocio en función de la demanda energética que genera la IA.

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