La realidad aumenta y el negocio de TI

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Hoy, las pantallas que van desde unas versiones enormes de gafas de seguridad a algo parecido a un casco de bicicleta, son difíciles de manejar. No obstante, muchos expertos creen que dentro de cinco años estos dispositivos serán capaces de proyectar una pantalla virtual sobre cualquier superficie.

Christopher Mims, columnista en The Wall Street Journal, asegura que decenas de nuevas empresas han entrado a esta nueva ola, entre ellas Meta Co. y Daqri. Magic Leap Inc., quienes recaudaron  mil 370 millones de dólares de inversionistas de la talla de Google y Andreessen Horowitz, una de las mayores sumas para una firma que todavía no ha revelado su producto principal.

“Habrá un momento en el futuro en que la realidad aumentada (RA) será tan omnipresente que no podremos imaginar nuestra vida sin ella”, vaticina Brian Mullins, presidente ejecutivo de Daqri, compañía que produce un sistema de RA para ingenieros que se integra en un casco duro de aspecto futurístico.

Llegar a ese punto, sin embargo, no será fácil, ya que los retos técnicos de la RA son mayores que los de la Realidad Virtual. La RA de alta calidad requiere un poder de computación y sensores equivalentes a los que operan en un vehículo autoconducido, dicen los ingenieros.

Con todo, esa potencia computacional puede caber en un smartphone. De hecho, muchos de los nuevos teléfonos son más poderosos que la computadora del auto que ganó el gran desafío de Darpa 2005, en el que un vehículo autónomo recorrió 228 kilómetros en el desierto de Mojave, en California.

Los desarrolladores ya ofrecen aplicaciones para las algunas gafas, que permiten a los empleados en trabajos de campo recibir instrucciones remotas de los ingenieros o a las enfermeras ver la ubicación de las venas como si hubieran sido pintadas en el brazo del paciente, pero para que la RA despegue, los cascos y las gafas tendrán que reducirse y hacerlas más livianas.

REALIDAD AUMENTADA

Los precios también tendrán que bajar y tal vez el mayor obstáculo para la consolidación de la RA sea humano. Como ocurrió con Google Glass, que no tuvo el éxito esperado debido a que el uso de una computadora en la cara puede provocar reacciones viscerales derivadas de nuestros temores a ser vigilados y a sacrificar nuestra humanidad a las máquinas.

Christopher Mims concluye que la RA ha tardado en ser acogida por nosotros porque, “a diferencia de los teléfonos inteligentes, sus primeros clientes y aplicaciones han sido empresariales. Pocos consumidores han visto un sistema de RA y menos los han probado”, subraya.

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