En un contexto en el que la seguridad urbana ocupa un lugar central en la agenda pública, muchos municipios argentinos continúan cometiendo un error estructural al creer que instalar más cámaras equivale a mejorar la seguridad.
El mito de que más cámaras significa más seguridad
En tal sentido, tanto la experiencia técnica como los datos oficiales muestran que, sin conectividad, analítica inteligente y capacidad de gestión, la videovigilancia se convierte en una inversión con bajo impacto real.
“Muchos municipios parten de la idea de que, a mayor cantidad de cámaras, automáticamente hay mayor seguridad. Sin embargo, suelen subestimar componentes críticos como la red de transmisión y su ancho de banda, el almacenamiento de la información y la analítica de video”, explicó el Ing. Maximiliano Espinoza, especialista en videovigilancia y sistemas VMS de Toltech Group, empresa argentina con más de una década de experiencia en infraestructura tecnológica y soluciones de seguridad para el sector público y privado.

El problema no es menor. Según el Informe Ejecutivo 2024 del Sistema Nacional de Información Criminal (SNIC), publicado en 2025, en Argentina se registraron más de 2 millones de hechos delictivos durante el último año.
Aunque los homicidios dolosos descendieron a una tasa de 3,8 cada 100.000 habitantes, los delitos contra la propiedad, como robos y hurtos, se mantienen en niveles elevados. “Estos datos evidencian que la seguridad urbana no se resuelve acumulando dispositivos, sino con inteligencia, análisis de patrones y capacidad de respuesta en tiempo real”, señaló.
Diversos estudios técnicos sobre CCTV indican que un operador no puede monitorear de manera efectiva más de 16 cámaras en simultáneo. “Por más que se instalen cientos de cámaras, si el municipio no cuenta con analítica de video impulsada por inteligencia artificial (IA) y un sistema de gestión de seguridad integrado que genere alertas automáticas, el modelo seguirá siendo reactivo. En ese caso, el sistema se limita a revisar grabaciones después del hecho, desaprovechando el verdadero potencial preventivo que hoy ofrece la tecnología”, puntualizó Espinoza.

Hacia una seguridad urbana basada en datos e inteligencia
“En cambio, cuando la seguridad se construye sobre una estrategia basada en datos, los municipios pueden avanzar hacia un enfoque proactivo, con herramientas como mapas de calor, análisis de patrones horarios o sistemas de LPR para la lectura automática de patentes, entre otros, permiten detectar situaciones de riesgo antes, durante y después de un ilícito”, explicó el especialista, quien destacó que en Argentina ya existen municipios que avanzaron en esta dirección.
Espinoza remarcó que la efectividad de la videovigilancia no depende solo de la tecnología, sino también de las personas y de la organización. “Sin protocolos claros, operadores capacitados y una coordinación real entre fuerzas de seguridad y servicios de emergencia, el sistema pierde impacto”, señaló.
Además, advirtió sobre los riesgos de una vigilancia excesiva sin reglas claras, especialmente cuando no se protege adecuadamente a la privacidad de los datos. “La seguridad debe pensarse como una política de Estado, con reglas, continuidad y responsabilidad en el uso de la tecnología”, concluyó.
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