El almacenamiento en la nube se consolidó como una práctica cotidiana en América Latina. Un estudio de Kaspersky reveló que el 67% de los usuarios de la región guarda fotos, contactos y conversaciones de su celular en servicios online, una tendencia que simplifica el acceso y el respaldo de la información, pero que también amplía la superficie de riesgo en un entorno cada vez más atractivo para los ciberdelincuentes.
La motivación principal es clara. Según el informe, el 72% de los latinoamericanos utiliza la nube como medida de protección ante el robo o la pérdida del dispositivo, mientras que un 56% la elige para liberar espacio en el teléfono o la computadora. Lo que comenzó como una solución práctica para resolver limitaciones de almacenamiento evolucionó hacia un hábito masivo que redefine la forma en que los usuarios resguardan y gestionan su información personal.
Más comodidad, más exposición
La masificación del uso de la nube no solo transformó la experiencia digital, sino también el perfil del riesgo. A medida que más datos personales migran hacia entornos online, los delitos informáticos se intensifican, dejando en evidencia vulnerabilidades tanto en algunos servicios de almacenamiento como en las prácticas de seguridad de los propios usuarios.
Cuando la información se traslada a la nube, deja de depender exclusivamente del dispositivo físico. Los datos pasan a circular por múltiples capas digitales: cuentas de acceso, aplicaciones conectadas, sistemas de sincronización y dispositivos interconectados. En este contexto, una sola brecha —como la pérdida de control de una cuenta— puede derivar en la exposición simultánea de grandes volúmenes de información personal.
Dónde aparecen los riesgos más frecuentes
En la práctica, los incidentes de seguridad asociados al almacenamiento en la nube suelen originarse en una combinación de factores. Entre los más habituales se encuentran las configuraciones inseguras, el robo de credenciales mediante ingeniería social, especialmente a través de ataques de phishing, el desconocimiento sobre cómo proteger los dispositivos del hogar digital y los errores humanos.
El uso de contraseñas débiles, la reutilización de claves en múltiples servicios, la apertura de enlaces maliciosos o la descarga de archivos infectados siguen siendo vectores de ataque comunes. Esta combinación de prácticas vulnerables convierte a la nube en un objetivo cada vez más atractivo para los cibercriminales.
Un problema de percepción y conciencia
El estudio también expuso una brecha relevante en materia de seguridad digital. Casi el 40% de los usuarios de América Latina no protege su nube o no considera necesario hacerlo. Además, persiste un nivel de desconocimiento significativo: un 19% aseguró que no sabe cómo proteger sus datos almacenados, mientras que un 13% admitió que desconocía que la nube requiere medidas de seguridad adicionales.
Estos datos reflejan un fenómeno recurrente en la adopción tecnológica: la velocidad con la que se incorporan nuevas herramientas suele superar la evolución de la conciencia sobre los riesgos asociados.
“Hoy nuestra vida completa, desde fotos familiares hasta documentos personales, vive en la nube. Pero esa masificación no ha ido acompañada del mismo nivel de conciencia sobre cómo protegerla. Muchos usuarios creen que el proveedor se encarga de todo, cuando en realidad la seguridad es compartida. Si no se aplican medidas básicas, los respaldos corren riesgo de sufrir accesos no autorizados o incluso de pérdida definitiva”, explicó Fabiano Tricarico, Director de Productos para el Consumidor para Américas en Kaspersky.
El ejecutivo señaló además que resulta clave que los consumidores comprendan qué tipo de información requiere cifrado, cómo gestionar sus credenciales de forma segura y qué señales pueden advertir sobre una posible vulneración.
Recomendaciones para reducir el riesgo
Frente a este escenario, los especialistas de Kaspersky recomiendan adoptar medidas básicas que pueden marcar una diferencia significativa en la protección de la información almacenada en la nube.
Revisar los permisos de acceso y uso compartido es un primer paso fundamental, especialmente cuando se trata de archivos sensibles. Verificar quién puede ver, editar o descargar documentos ayuda a reducir exposiciones innecesarias.
Otra práctica relevante es cifrar los archivos importantes. No toda la información requiere este nivel de protección, pero documentos fiscales, registros médicos o datos financieros sí demandan capas adicionales de seguridad.
Los expertos también advierten sobre la necesidad de desconfiar de correos o mensajes que soliciten credenciales de acceso, incluso cuando aparentan provenir del proveedor del servicio. El phishing continúa siendo una de las principales puertas de entrada para comprometer cuentas.
Asimismo, recomiendan utilizar contraseñas fuertes y activar la autenticación en dos pasos (2FA). Las claves robustas, únicas para cada servicio, combinadas con un segundo factor de verificación, reducen considerablemente el impacto del robo de credenciales.
Finalmente, sugieren proteger los dispositivos con una solución de seguridad confiable. El uso de software especializado permite detectar y bloquear amenazas como malware, intentos de phishing o accesos no autorizados que podrían comprometer la información almacenada en la nube.
En un contexto donde la vida digital se expande de forma sostenida, la seguridad deja de ser un aspecto técnico para convertirse en un componente central de la experiencia cotidiana. La nube ofrece comodidad, acceso y respaldo. Pero, como muestra el estudio, también exige un mayor nivel de conciencia y responsabilidad por parte de los usuarios.
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