Robots humanoides: entre el hype y la realidad, ¿qué tan cerca están de convivir con nosotros?

En Future Talks, Rodrigo Ramele, investigador y docente del ITBA, analizó el impulso actual de los robots humanoides, explicó por qué aún falta para verlos en la vida diaria y detalló cómo hoy la robótica avanza en nichos concretos, con desafíos técnicos, culturales y de seguridad.
Rodrigo Ramele, investigador y docente del Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA).
Rodrigo Ramele, investigador y docente del Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA).
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En cada feria tecnológica aparecen: caminan, hacen piruetas, sirven café o simulan conversaciones. Los robots humanoides parecen estar a punto de integrarse a nuestra vida diaria. Pero ¿qué tan cerca estamos realmente de que eso ocurra?

En una nueva edición de Future Talks, Rodrigo Ramele, investigador y docente del Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA), aportó una mirada técnica, histórica y cultural que baja la espuma del entusiasmo sin quitarle potencia al futuro.

Su diagnóstico es claro: el avance es real, pero el cotidiano humanoide todavía no llegó.

La fantasía del robot doméstico vs. la plataforma comercial

“Hacer pronósticos del futuro es difícil. Y si es realmente sobre el futuro, es más difícil todavía”, comienza Ramele.

Lo que hoy se observa no es la llegada del asistente tipo película, sino un impulso comercial con una lógica distinta: la creación de una plataforma base bípeda, algo comparable a lo que fueron los drones en sus inicios. “Es como un dron que camina. Una plataforma donde vos podés montar cosas y descubrir casos de uso”.

Esa comparación no es menor. Durante años, los drones parecían un juguete sofisticado hasta que encontraron nichos claros: agro, inspección de infraestructura, producción audiovisual, seguridad. Luego la tecnología maduró dentro de esos espacios.

Con los humanoides podría repetirse ese proceso.

Hoy muchos modelos —especialmente impulsados desde China— son versiones básicas que resuelven con eficacia un problema específico: la locomoción bípeda. Caminan, giran, mantienen equilibrio. Algunos integran mapeo y navegación autónoma (SLAM), pero todavía están lejos de comprender el entorno como lo hace una persona.

Humanoides bípedos funcionan como plataformas experimentales que priorizan locomoción y equilibrio, más que autonomía cognitiva plena.
Humanoides bípedos funcionan como plataformas experimentales que priorizan locomoción y equilibrio, más que autonomía cognitiva plena.

El verdadero desafío: entender el mundo físico

Para Ramele, el cuello de botella no es mecánico, sino cognitivo. “Todavía no se logra generar información manipulable correcta para que un robot entienda el espacio tridimensional y opere sobre él.

Aquí aparece el paralelismo con los modelos de lenguaje como ChatGPT, Llama o DeepSeek. En el terreno textual se logró algo inédito: entrenar modelos fundacionales con volúmenes masivos de información estructurada.

“Con el lenguaje se pudo generar suficiente información para armar un modelo fundacional. Manipulan el lenguaje de una manera tan eficiente que nos parece inteligencia”.

La apuesta actual —con fuerte inversión de actores como NVIDIA— es replicar ese esquema en robótica mediante simulación masiva. La idea es entrenar robots en entornos virtuales hasta que internalicen patrones espaciales complejos.

Si eso funciona, el salto sería cualitativo. Pero no inmediato. “Para tener el robot que nos acompañe y haga tareas cotidianas, diez años te diría yo.

Los nuevos modelos impulsados desde China resuelven con eficacia la marcha bípeda y el balance dinámico, un paso clave antes de abordar desafíos cognitivos más complejos.
Los nuevos modelos impulsados desde China resuelven con eficacia la marcha bípeda y el balance dinámico, un paso clave antes de abordar desafíos cognitivos más complejos.

Las 3K japonesas: donde la robótica sí tiene sentido

Cuando se habla de robots humanoides, la imaginación suele ir directo al asistente doméstico multitarea. Sin embargo, la robótica moderna no avanza donde es más vistosa, sino donde es más funcional.

En Japón —país que históricamente marcó tendencia en automatización— existe un concepto muy instalado para describir los ámbitos ideales de aplicación: las llamadas 3K. Se trata de tres palabras en japonés que sintetizan el tipo de tareas que las personas tienden a evitar:

  • Kitsui: trabajos físicamente exigentes, repetitivos o agotadores.
  • Kitanai: entornos sucios, desagradables o insalubres.
  • Kiken: situaciones riesgosas o potencialmente peligrosas.

Ramele realizó su posgrado en la Universidad de Tohoku, en Sendai, y explica que estos tres territorios definen el hábitat natural de la robótica industrial y de servicios.

“Algo repetitivo, algo sucio o algo peligroso. Ese es el espacio típico donde la robótica gana eficiencia.

No se trata solo de reemplazar personas, sino de optimizar tareas donde el costo humano es alto: desgaste físico, exposición a contaminantes o riesgo de accidentes. En esos escenarios, la incorporación de sistemas automatizados no genera resistencia social; al contrario, suele percibirse como mejora.

Incluso en aplicaciones médicas altamente sofisticadas, el principio se mantiene. El sistema quirúrgico Da Vinci Surgical System automatiza precisión y estabilidad, pero bajo supervisión directa de un cirujano. “Si en el loop de la tarea hay un humano supervisando, ahí podés implementar robots”.

Este punto es clave: la robótica actual no está pensada para reemplazar completamente al humano en decisiones críticas, sino para asistir, amplificar o reducir riesgos. La aceptación social de la tecnología todavía depende, en gran medida, de que haya una figura humana validando el proceso.

Al igual que los drones en sus inicios, los humanoides actuales operan como plataformas base sobre las que se exploran aplicaciones comerciales específicas.
Al igual que los drones en sus inicios, los humanoides actuales operan como plataformas base sobre las que se exploran aplicaciones comerciales específicas.

Robots sociales y envejecimiento: del experimento al nuevo ciclo

Los robots de compañía no son un fenómeno reciente. En Japón ya existían hace más de 15 años, motivados por el envejecimiento poblacional y la soledad en regiones despobladas. La diferencia actual está en la integración con IA generativa. “Antes los esquemas de diálogo eran muy precarios. Ahora eso cambió”.

Sin embargo, la interacción humano-robot es mucho más que conversación. Según Ramele, el 90% de la comunicación humana es no verbal: postura, gestos, proximidad, mirada.

“Cualquier acompañante que no tenga componente robótico usa solo el 10% del canal de comunicación”.

De ahí el renovado interés por los humanoides: permiten incorporar gestualidad y presencia física, elementos centrales para generar vínculo.

Robótica aplicada: cuando la innovación resuelve un problema real

Lejos del espectáculo, uno de los desarrollos más significativos del equipo de Ramele surgió de una necesidad concreta en rehabilitación pulmonar.

En conjunto con ALPI, desarrollaron un robot autónomo que transporta el tanque de oxígeno de pacientes con EPOC durante sus caminatas terapéuticas.

“Ellos nos dijeron: no podemos hacer un carrito que lleve el tanque. ¿Por qué no hacemos un robot que lo lleve? Y lo hicimos”.

El sistema actúa como seguidor autónomo, manteniendo distancia y dirección respecto del paciente. No es espectacular. Es útil. Ese tipo de soluciones, de nicho y de alto impacto práctico, son las que marcan la evolución real del sector.

En paralelo, avanza el concepto de Human Augmentation: exoesqueletos parciales que asisten movimientos específicos —cadera, equilibrio— sin necesidad de estructuras completas futuristas.

La apuesta de empresas tecnológicas es entrenar robots en simulaciones masivas para que internalicen patrones espaciales, replicando el modelo de entrenamiento de la IA generativa.
La apuesta de empresas tecnológicas es entrenar robots en simulaciones masivas para que internalicen patrones espaciales, replicando el modelo de entrenamiento de la IA generativa.

El riesgo real: seguridad y hackeo

Cuando se habla de robots, el imaginario colectivo teme rebeliones autónomas. Ramele descarta esa narrativa. “El problema real no es que los robots se reviren y nos ataquen. El problema es el hacking”.

En sistemas con impacto físico, una vulnerabilidad puede escalar rápidamente. En seguridad informática, esto se conoce como “pivoting”: comprometer un dispositivo para luego expandirse hacia otros.

“Todo lo que tiene impacto físico, si es hackeado, multiplica el riesgo por mil”. Autos autónomos, sistemas médicos, robots industriales: todos requieren marcos regulatorios y estándares de ciberseguridad robustos. La discusión se conecta inevitablemente con privacidad.

“En un punto aceptamos perder privacidad y aceptamos correr ese riesgo. Lo que no podemos hacer es ser ignorantes de que eso ocurre”.

Japón, cultura y aceptación tecnológica

Más allá de la cantidad real de robots en circulación, lo que distingue a Japón —según explica Ramele— no es la omnipresencia de androides, sino la forma en que la sociedad integra la tecnología en su vida cotidiana.

“Hay una aceptación muy natural a la tecnología. La tecnología es algo muy natural. No lo ven como algo que interrumpe”.

Esa frase condensa una diferencia cultural profunda. En muchas sociedades occidentales, la innovación suele percibirse como algo artificial que invade lo humano o lo natural. En cambio, en Japón la tecnología no aparece como oposición, sino como continuidad.

Ramele lo explica con una imagen concreta: “La naturaleza en Japón es con tecnología. Los jardincitos tienen pequeños artefactos de madera para dirigir el agua… mecanismos específicos para dejar la tecnología incluida”.

En ese marco cultural, la incorporación de robots —ya sea en servicios, asistencia o compañía— no se vive como una ruptura radical, sino como una extensión lógica del ecosistema cotidiano.

robots humanoides. En sistemas con impacto físico, una vulnerabilidad informática puede escalar riesgos rápidamente; el desafío no es la rebelión autónoma, sino el hacking.
En sistemas con impacto físico, una vulnerabilidad informática puede escalar riesgos rápidamente; el desafío no es la rebelión autónoma, sino el hacking.

Entre el cine y la realidad

Ramele reconoce su inspiración temprana en Isaac Asimov y la ciencia ficción. Pero su mirada es técnica y pragmática.

La robótica no irrumpirá como una revolución doméstica repentina. Avanzará por capas: primero en tareas repetitivas, luego en entornos clínicos, después en asistencia parcial.

La inteligencia artificial ya domina el lenguaje. Llevar esa sofisticación al mundo físico es otro nivel de complejidad. Los robots humanoides no están a la vuelta de la esquina como asistentes universales. Pero tampoco son ciencia ficción.

Están creciendo, silenciosamente, en los márgenes donde resolver problemas importa más que impresionar.

Y ahí —más que en los shows tecnológicos— es donde se juega su verdadero futuro.

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