El avance global de la inteligencia artificial obliga a los países a reforzar su infraestructura digital, y Argentina no es la excepción. Durante Future Talks, el presidente de CABASE, Ariel Graizer, explicó que la cámara inició un proceso de transformación profundo para adaptarse a esta nueva realidad tecnológica.
Según detalla, el futuro de la IA no depende únicamente del talento o las aplicaciones, sino de una base sólida de energía, conectividad y centros de datos capaces de sostener la demanda creciente. En este contexto, CABASE busca reposicionar al país para competir por inversiones que hace años no llegaban.
Graizer describe el giro de la cámara como una evolución natural del rol que venía cumpliendo. “Teníamos una comisión histórica de carriers, centrada en quienes tendían fibra óptica. Pero hoy entendimos que la infraestructura necesaria es mucho más amplia”, explicó. La IA exige no solo redes, sino data centers de gran porte, proveedores de energía, sistemas de enfriamiento avanzados y una articulación que trascienda al sector de telecomunicaciones. “La inteligencia artificial está pasando, y no hay IA sin infraestructura”, sintetizó.
Un interés internacional que volvió a despertar
Durante años, Argentina quedó fuera del radar de los grandes hiperescaladores. Graizer lo admite sin rodeos: “En los últimos años, los grandes jugadores no eligieron a la Argentina”. Sin embargo, según su visión, este escenario comenzó a revertirse. La cámara empezó a recibir consultas, visitas y pedidos de información por parte de compañías internacionales y fondos de inversión.

“Hace muchos años que no veía un ambiente así”, señaló. Aunque la disponibilidad de capital existe, el desafío está en otra parte: “Lo que falta no es plata, sino proyectos serios y concretos”. Según relató, incluso en eventos en Estados Unidos vio que la necesidad global está enfocada en iniciativas de gran escala: desarrollos que superan los 100 o 200 millones de dólares.
Energía y latencia: los factores que definirán los nuevos data centers
Para atraer proyectos medianos —los que Graizer considera más viables para el país— Argentina necesita resolver un obstáculo crítico: la distribución energética. “Producimos energía, pero no la distribuimos bien”, remarcó. Esa limitación impide, por ahora, instalar data centers de 200 o 300 megawatts, tamaños que ya son estándar en Europa, Brasil o Estados Unidos.
Al mismo tiempo, el factor geográfico cuenta. Los centros de datos de IA deben estar próximos a los grandes aglomerados urbanos para mantener baja latencia. Según Graizer, aunque el sur argentino ofrece clima frío y buena energía, “allí hay pocos ojos”, haciendo referencia a la baja densidad de usuarios. Por eso, la mayor parte de estos proyectos buscará ubicarse en el Gran Buenos Aires o en ciudades grandes.

El efecto Stargate
El anuncio del megaproyecto Stargate Argentina, encabezado por OpenAI y Sur Energy, actuó como catalizador. Graizer lo considera un punto de inflexión: “Mostró que la Argentina es probable”. Según explicó, las consultas internacionales se multiplicaron luego de ese anuncio. “Los llamados y las visitas empezaron después, no antes”, afirmó. Para CABASE, eso confirma que el país puede atraer múltiples iniciativas similares si crea las condiciones adecuadas.
Reglas claras, previsibilidad y un nuevo tipo de inversión
A diferencia de otros sectores tecnológicos, la infraestructura de IA implica inversiones inmóviles y de décadas. Graizer lo describe con claridad: “Cuando enterrás millones de dólares en un terreno, no te lo llevás. No es una inversión financiera”. Por eso, los inversores preguntan primero por seguridad jurídica y previsibilidad regulatoria.
Aunque Argentina no ofrece certezas absolutas, el presidente de CABASE sostiene que la dirección tecnológica es irreversible: “La IA no es una burbuja; es una realidad que ya está pasando”. El desafío es construir un marco que permita que la infraestructura se desarrolle al mismo ritmo.

Energía limpia y nuevas tecnologías para acompañar la expansión
El debate ambiental también forma parte de las exigencias de los grandes operadores. Graizer explicó que “la mayoría de los proyectos internacionales piden energía limpia o renovable”. Aun así, reconoce que el impacto ambiental requiere análisis más profundo.
Una de las novedades más llamativas fue la aparición de tecnologías nucleares de baja potencia para alimentar centros de datos. “Tuvimos una interacción con una empresa canadiense que desarrolla reactores nucleares miniatura para data centers. Nos abrió la cabeza”, reveló. Argentina ya cuenta con parte de ese conocimiento instalado, aunque el sistema quedó frenado en los últimos años.
El valor diferencial del ecosistema PyME argentino
Uno de los puntos más fuertes de la infraestructura digital local es la capilaridad del mercado. Argentina tiene alrededor de 2.500 ISPs, un ecosistema único en la región. Para Graizer, esa diversidad explica los avances en conectividad: “La penetración de fibra que logramos se debe a los operadores pequeños y medianos”.
Este entramado permitió que la red creciera incluso en momentos de crisis. Muchas PyMEs, en lugar de inmovilizar capital, invertían en fibra óptica y la ponían en funcionamiento rápidamente. “Si hubiera sido una sola empresa, hubiéramos tardado mucho más”, reconoció.

Comparación regional y aprendizajes posibles
Argentina cuenta con una de las mejores redes de fibra óptica en penetración de hogares de Latinoamérica, ubicándose en el segundo lugar regional. Pero para avanzar hacia la escala que demanda la IA, será clave observar modelos exitosos. Graizer destacó el caso de Brasil, donde la licitación del espectro permitió nuevos entrantes y mayor competencia, y el de Colombia, con regulaciones asimétricas que dinamizaron el mercado.
Qué sigue ahora: sentar a todos los actores en la misma mesa
El próximo paso de CABASE es integrar sectores que históricamente no formaban parte de su agenda. “Tenemos que sentar a quienes construyen data centers, quienes producen energía y quienes la distribuyen”, explicó. La idea es conformar un espacio donde se definan necesidades, se articulen permisos, se relacione al sector privado con los tres niveles del Estado y se destraben los obstáculos que hoy frenan inversiones de alto impacto.
Según Graizer, ese trabajo permitirá finalmente construir la infraestructura que el país necesitará en las próximas décadas. El objetivo es claro: que la Argentina no mire la revolución de la IA desde afuera, sino que se convierta en un destino viable para su despliegue.
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