Por Anabella Losada, Magíster en Marketing, especialista en estrategia digital y marketing con inteligencia artificial.
En el universo de las pequeñas empresas y emprendimientos, donde el tiempo escasea y los recursos son limitados, la inteligencia artificial puede sonar lejana o incluso innecesaria. Pero la realidad es otra: la clave no está en subirse a la tendencia, sino en usar la IA para resolver problemas reales y cotidianos.
Empezar por lo concreto: detectar una necesidad
No se trata de transformar toda la empresa de un día para el otro, sino de empezar por algo concreto y medible. El primer paso es detectar alguna tarea que esté llevando demasiado tiempo o que claramente podría hacerse de forma más eficiente.
Por ejemplo:
- Recibís muchos mensajes por WhatsApp y no llegás a responderlos.
- Querés segmentar mejor tus anuncios para invertir con más retorno.
- Te cuesta sostener la generación de contenido para redes o newsletters.
Una vez que encontrás esa situación que te está complicando o frenando el crecimiento, buscá una herramienta de IA que apunte a resolver solo eso. No hace falta pensar en grandes inversiones. Hoy existen miles de opciones accesibles, muchas por suscripción, que podés probar antes de comprometerte.

Desde automatizar respuestas en WhatsApp hasta generar posteos o titulares en segundos, hay soluciones al alcance de todos. Herramientas como Jasper.ai o Copy.ai permiten crear textos adaptados a tu público. Plataformas como Buffer o Metricool automatizan la publicación de contenido y permiten medir resultados. Otras, como Mailchimp o Systeme.io, usan IA para mejorar campañas de email marketing, sugiriendo horarios, asuntos y mensajes personalizados.
También hay opciones locales como Marketeria, pensadas para PyMEs latinoamericanas, con interfaces simples, en español, y adaptadas a la realidad de quienes emprenden y hacen todo solos.
Un aspecto clave que muchas veces se pasa por alto es la capacitación del equipo. Aunque sea mínimo, si todos entienden cómo funciona la herramienta y se sienten cómodos usándola, hay menos resistencia y mejores resultados.
Y por último, no te olvides de medir. Cada 15 días o cada mes, revisá si esa herramienta te está ayudando realmente. ¿Ahorrás tiempo? ¿Aumentan tus ventas? ¿Te permite enfocarte en tareas más estratégicas? Si no cumple con tus expectativas, cambiá. Pero si funciona, profundizá su uso.
La IA puede ser una aliada concreta para profesionalizar lo que ya hacemos y ayudarnos a trabajar de forma más simple, eficiente y enfocada.
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