{"id":196596,"date":"2026-09-15T17:14:49","date_gmt":"2026-09-15T20:14:49","guid":{"rendered":"https:\/\/www.itsitio.com\/mx\/?p=196596"},"modified":"2026-09-15T17:14:49","modified_gmt":"2026-09-15T20:14:49","slug":"la-ciudad-inteligente-que-solo-mide-ya-perdio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.itsitio.com\/mx\/columna-de-opinion\/la-ciudad-inteligente-que-solo-mide-ya-perdio\/","title":{"rendered":"La ciudad inteligente que solo mide, ya perdi\u00f3"},"content":{"rendered":"<p style=\"font-weight: 400\"><strong><em>Por :Gabriel Fern\u00e1ndez Ayala, director de Smart Cities en SONDA M\u00e9xico<\/em><\/strong><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400\"><em>\u00a0<\/em><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400\">Durante casi una d\u00e9cada, &#8220;ciudad inteligente o Smart City&#8221; fue sin\u00f3nimo de sensores. C\u00e1maras conectadas, sem\u00e1foros con internet de las cosas (IoT por sus siglas en ingl\u00e9s), tableros de control que le permit\u00edan a un funcionario ver en tiempo real qu\u00e9 pasaba en su ciudad. Fue un salto real frente al modelo anterior, y muchas ciudades invirtieron con seriedad en esa infraestructura.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400\">Pero medir no es gestionar. Y ese es el problema que nadie quiere nombrar en voz alta: la mayor\u00eda de las llamadas &#8220;smart cities&#8221; de la regi\u00f3n siguen operando exactamente igual que antes de instalar los sensores. Es verdad que tienen m\u00e1s datos, pero pueden no tomar las mejores decisiones.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400\">El modelo de &#8220;Smart City&#8221; tal como lo conocimos, observar, registrar y reportar, ya cumpli\u00f3 su ciclo. Lo que viene no es una versi\u00f3n mejorada del mismo concepto. Es una nueva forma de entender qu\u00e9 necesitan tanto los ciudadanos como la infraestructura civil.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400\">El gasto global en tecnolog\u00eda para ciudades inteligentes lleg\u00f3 a US$189 mil millones en 2025, un incremento del 22% frente al a\u00f1o anterior, seg\u00fan la Worldwide Smart Cities Spending Guide de IDC. Si bien la inversi\u00f3n sigue creciendo, lo que no ha crecido al mismo ritmo es la capa que convierte esos datos en decisiones: la mayor\u00eda de ese gasto sigue destinado a captar informaci\u00f3n, no a actuar sobre ella.<\/p>\n<h2 style=\"font-weight: 400\"><span style=\"color: #000080\"><strong>El salto que falta: de observar a decidir<\/strong><\/span><\/h2>\n<p style=\"font-weight: 400\">La diferencia entre una ciudad con sensores y una ciudad inteligente de verdad no est\u00e1 en cu\u00e1ntos datos capta, sino en qu\u00e9 hace con ellos sin intervenci\u00f3n humana. Un sistema de tr\u00e1fico que solo muestra congesti\u00f3n en un mapa no es inteligente: es un espejo. Un sistema que redistribuye sem\u00e1foros prioriza rutas de transporte p\u00fablico y anticipa un cuello de botella antes de que ocurra, s\u00ed empieza a justificar el nombre.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400\">Esa es la frontera real hoy: modelos predictivos y de IA generativa operando infraestructura urbana en tiempo real, no solo describi\u00e9ndola. Gesti\u00f3n de tr\u00e1fico que se ajusta sola. Mantenimiento predictivo que anticipa fallas en la red antes de que el ciudadano las sufra. Sistemas de seguridad que priorizan alertas por relevancia en lugar de saturar a un operador humano con miles de c\u00e1maras.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400\">El \u00cdndice de Ciudades Inteligentes 2026 de BCG, que eval\u00faa 61 ciudades a nivel global, es contundente en este punto: la integraci\u00f3n de inteligencia artificial en los servicios urbanos, no la cantidad de sensores instalados, es hoy el factor que determina si una ciudad mejora la calidad de vida de quien la habita. No es la infraestructura por s\u00ed sola. Es lo que esa infraestructura decide.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400\">Esto no es un debate t\u00e9cnico, es un debate de presupuesto y de resultados pol\u00edticos. Una ciudad que sigue comprando sensores bajo la l\u00f3gica de 2016 est\u00e1 gastando en visibilidad, no en eficiencia. Y en un contexto donde los presupuestos est\u00e1n cada vez m\u00e1s escrutados, &#8220;tengo un tablero muy completo&#8221; ya no es una respuesta suficiente ante la pregunta de qu\u00e9 mejor\u00f3 para el ciudadano.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400\">La pregunta que toda ciudad deber\u00eda hacerse hoy no es &#8220;\u00bfqu\u00e9 estamos midiendo?&#8221;. Es &#8220;\u00bfqu\u00e9 est\u00e1 decidiendo el sistema sin que nosotros tengamos que intervenir?&#8221;. Si la respuesta es &#8220;nada&#8221;, la smart city que tienen ya est\u00e1 muerta, aunque el contrato de mantenimiento siga vigente.<\/p>\n<h2 style=\"font-weight: 400\"><span style=\"color: #000080\"><strong>El riesgo de quedarse en el modelo anterior<\/strong><\/span><\/h2>\n<p style=\"font-weight: 400\"><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400\">Las ciudades que no den ese salto no se van a quedar quietas: se van a quedar atr\u00e1s, mientras otras, con menos presupuesto, pero con mejor arquitectura de decisi\u00f3n, empiezan a mostrar resultados que s\u00ed se sienten en la calle: menos tiempo de traslado, menos fallas de infraestructura, respuesta m\u00e1s r\u00e1pida ante incidentes.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400\">La infraestructura de sensores fue el cap\u00edtulo uno. Fue necesario, pero ya est\u00e1 escrito. El cap\u00edtulo que define qui\u00e9n lidera esta conversaci\u00f3n en los pr\u00f3ximos a\u00f1os no se trata de cu\u00e1ntos datos captura una ciudad, sino de cu\u00e1ntas decisiones toma sin esperar a que alguien las tome por ella.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400\">Por esto, podemos afirmar que el t\u00e9rmino \u201cSmart city\u201d, en el sentido en que la entendimos, est\u00e1 muerta. Lo que sigue todav\u00eda no tiene nombre fijo. Pero ya tiene forma.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por :Gabriel Fern&aacute;ndez Ayala, director de Smart Cities en SONDA M&eacute;xico &nbsp; Durante casi una d&eacute;cada, &ldquo;ciudad inteligente o Smart City&rdquo; fue sin&oacute;nimo de sensores. C&aacute;maras conectadas, sem&aacute;foros con internet de las cosas (IoT por sus siglas en ingl&eacute;s), tableros de control que le permit&iacute;an a un funcionario ver en tiempo real qu&eacute; pasaba en su ciudad. Fue un salto real frente al modelo anterior, y muchas ciudades invirtieron con seriedad en esa infraestructura. Pero medir no es gestionar. Y ese es el problema que nadie quiere nombrar en voz alta: la mayor&iacute;a de las llamadas &ldquo;smart cities&rdquo; de la regi&oacute;n siguen operando exactamente igual que antes de instalar los sensores. Es verdad que tienen m&aacute;s datos, pero pueden no tomar las mejores decisiones. El modelo de &ldquo;Smart City&rdquo; tal como lo conocimos, observar, registrar y reportar, ya cumpli&oacute; su ciclo. Lo que viene no es una versi&oacute;n mejorada del mismo concepto. Es una nueva forma de entender qu&eacute; necesitan tanto los ciudadanos como la infraestructura civil. El gasto global en tecnolog&iacute;a para ciudades inteligentes lleg&oacute; a US$189 mil millones en 2025, un incremento del 22% frente al a&ntilde;o anterior, seg&uacute;n la Worldwide Smart Cities Spending Guide de IDC. Si bien la inversi&oacute;n sigue creciendo, lo que no ha crecido al mismo ritmo es la capa que convierte esos datos en decisiones: la mayor&iacute;a de ese gasto sigue destinado a captar informaci&oacute;n, no a actuar sobre ella. El salto que falta: de observar a decidir La diferencia entre una ciudad con sensores y una ciudad inteligente de verdad no est&aacute; en cu&aacute;ntos datos capta, sino en qu&eacute; hace con ellos sin intervenci&oacute;n humana. Un sistema de tr&aacute;fico que solo muestra congesti&oacute;n en un mapa no es inteligente: es un espejo. Un sistema que redistribuye sem&aacute;foros prioriza rutas de transporte p&uacute;blico y anticipa un cuello de botella antes de que ocurra, s&iacute; empieza a justificar el nombre. Esa es la frontera real hoy: modelos predictivos y de IA generativa operando infraestructura urbana en tiempo real, no solo describi&eacute;ndola. Gesti&oacute;n de tr&aacute;fico que se ajusta sola. Mantenimiento predictivo que anticipa fallas en la red antes de que el ciudadano las sufra. Sistemas de seguridad que priorizan alertas por relevancia en lugar de saturar a un operador humano con miles de c&aacute;maras. El &Iacute;ndice de Ciudades Inteligentes 2026 de BCG, que eval&uacute;a 61 ciudades a nivel global, es contundente en este punto: la integraci&oacute;n de inteligencia artificial en los servicios urbanos, no la cantidad de sensores instalados, es hoy el factor que determina si una ciudad mejora la calidad de vida de quien la habita. No es la infraestructura por s&iacute; sola. Es lo que esa infraestructura decide. Esto no es un debate t&eacute;cnico, es un debate de presupuesto y de resultados pol&iacute;ticos. Una ciudad que sigue comprando sensores bajo la l&oacute;gica de 2016 est&aacute; gastando en visibilidad, no en eficiencia. 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